I’m stressed, you’re stressed, everybody’s stressed

I’m stressed, you’re stressed, EVERYBODY’S STRESSED!

The problem, I propose, is that we don’t feel like we’re stressed so we aren’t taking care of ourselves (or each other) as if we’re stressed.

I sat with friends several weeks ago. “I’m think I’m doing fine!” one friend commented. “You’re stressed,” I said.

There’s no way we aren’t stressed! We’ve adapted quite well over the past few months, but there’s no way it hasn’t all taken a toll in sneaky, subconscious, underlying ways.

We are UNDER stress even if we don’t FEEL stressed.

We’ve adapted and we are doing life but whether or not we realize it or acknowledge it, we’re running thin. We are tired.

I don’t feel stressed every day. I go about my days, work, do fun things, run errands, and have lots of joy. But when I step back and look at what we’ve experienced, how we have adapted, and what we have still in front of us, I have no doubt that we are all fine and not-fine at the same time.

So, knowing that I’m stressed even if I don’t always recognize it, I’ve started taking care of myself in ways that I would if I felt the stress and weight of life.

I asked the same thing to a friend a couple of weeks ago: “Knowing that you’re living under the weight of a lot of things right now, what are you doing differently to manage that and take care of yourself?”

I’ve also tried to keep this forefront in my mind when interacting with people. “They’re stressed,” I remind myself. I can operate under that assumption and stoke compassion and understanding in my heart.

So… What are YOU doing to seek deep soul rest and rejuvenation during this time?

Confinamiento

Así pasamos el confinamiento juntitas. Pasé mucho tiempo así, tendida en el balcón como una prenda de ropa, buscando el cielo azul, el sol en la cara, el viento entre las pestañas, acercándome tanto como pueda a los árboles frente a nuestro piso.
 
Aún está en nuestro portal una noticia que lleva la fecha “19 de marzo.” Informa sobre el uso de lejía para limpiar y desinfectar todo el edificio.
 
Eso me recuerda del olor de lejía de esos primeros días, cuando realmente pensamos que serían dos semanas, cuando lloraba cada día por la carga que llevaba en el corazón.
 
Me recuerda como yo intentaba, con mucha dificultad, enfocarme para trabajar ese primer lunes, un día después de que anunciaron el estado de alarma.
 
Me recuerda de la primera noche de juegos que hicimos mi compañera de piso y yo, comprometidas a no mirar al móvil y no hablar nada del virus (era difícil).
 
Me recuerda de cómo me dolía la espalda por un cambio tan abrupto de actividad y entrenamientos.
 
Me recuerda de escuchar ambulancia tras ambulancia, sin más ruido en la calle.
 
Me recuerda de las risas con amigos a través de Facetime y Zoom, buscando maneras de mantener el contacto y divertirnos, y también del cansancio que provoco en mí tanto tiempo hablando por pantalla.
 
Me recuerda del momento en que la rutina en casa empezó a parecer normal y el miedo que me daba de que se convirtiera en algo normal.
 
Me recuerda del abrazo que le dio a un árbol al poder salir del piso.
 
Ahora el confinamiento me parece un sueño. Mejor dicho, una pesadilla. Pero la palabra “pesadilla” tampoco expresa la sensación. La sensación no es de ser bueno o malo, sino de algo distante, algo separado, algo que pasó y que ya no me acuerdo bien.
 
Ya que hemos empezado con lo que es, más o menos, una vida parecida a la vida antes del 15 de marzo, es como si hubiéramos cerrado el libro do confinamiento. “Una lectura interesante y rara y ya se acabó,” decimos sin palabras. Las rutinas ahora son tan distintas que por un lado tiene sentido. Ya no abro la ventana a las 20:00. Ya no entreno corriendo por el pasillo del piso. Ya no hace falta una pantalla para ver a mis amigos aquí en Cáceres.
 
Las rutinas que formaban la vida diaria durante el confinamiento he dejado atras de repente. Aunque eso es normal, lo que me parece raro es que no estamos hablando más de nuestra experiencia de confinamiento; de que tal nos fueron esos días encerrados; de que hicimos y como nos sentimos. Porque vamos… vaya experiencia! Algo raro, triste, duro, a veces interesante, y tan tan distinto para cada persona.
 
La necesidad de mirar atrás un poco para asimilarlo y procesarlo no necesariamente nos hace personas negativas. Puede ser al contrario. De hecho, quizás la intención de preguntar y reflexionar echa fuera el positivismo falso que no da para sanar y crecer como personas. Quizás el preguntar y reflexionar da para ver bien los aspectos positivos junto con los aspectos “negativos” y difíciles de los cuales hemos crecido y aprendido.
 
En fin, que procesemos y reflexionemos. Que nos hagamos preguntas uno al otro que nos sirven para crecer. Que pongamos el enfoque no en nosotros mismos pero en los que tenemos al lado (como me cuesta eso!). Que tengamos conversaciones que sean para beneficiar a la otra persona. Y que nunca, nunca volvamos a estar encerrados durante 48 días. 😉

 

 

 

listen up, my soul

I stumbled upon this today and liked it. Sometimes it just takes some time to become friends with something you’ve written 🙂

Hey, this stops today.
This racing heart, fuzzy mind,
clamped jaw, shaky hands.

Listen up, my soul,
my body-affecting soul,
I speak this to you.

This will stop today,
this untrusting heart I have,
fretting mind and all.

Fight for joy, my soul.
The King of the cross didn’t say,
“figure this all out.”

That is not your job.
That is the job of your King,
of your true Lover.

Watch what He will do.
You need only take steps,
and then be quite still.

He has proven it.
Be amazed at what He does,
not what you cannot.

So laugh, my dear self.
Speak, soul, to your body-friend,
to chill the heck out.

This life is His stage,
don’t dare miss the show, and wait!
Even now He moves.